Llega el día donde tus tareas se han acumulado a tu alrededor y no sabes cómo iniciar, pasas por tratar de ordenar el tiempo mientras él corre más que tu instinto. La mitad del día llega y la meta ni asoma, observo la mesa de trabajo y la computadora solo te muestra las ventanas no de un paraíso, sino más bien de lo que puede hacerte perder el tiempo, terminas una y otra y otra tarea. La carrera se puso buena pero el tiempo te abandona, sientes ese pesar en la frente y un dolor en tu espalda alta, y cuentan que a eso le llaman "estrés", una situación de defensa de tu cuerpo por una amenaza o demanda incrementada. Las tareas acumuladas a un extremo de tu cerebro, embolsadas no en caja ni ordenadas como deberían de estar, la meta asoma y el sol ya yace del otro lado del mundo atiborrando de calor a los que despiertan de su tiempo de relax. El pesar se siente, un cartón a mi lado y la pluma que me acompañan diariamente me piden que exprese lo que siento, me reposo en la mesa de trabajo y doy inicio a expresar ese sentir. Así lo hago, así lo pinto y he acá el reflejo de mi "estrés".


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