De pequeño (1985) jugar al fútbol era un sueño, una pasión que te perfilaba como uno de los grandes o eras Pelé, Maradona, Gulit, Van Basten o uno de tantos. Era correr, pegarle a la pelota, hacer el sombrerito, el tecniquear era hacer de todo un poco con tus capacidades.
Era disfrutar bajo el sol, la luna o la lluvia; en el cemento, la tierra o el lodo, era disfrutar al máximo lo inmediato, pero lo que menos teníamos era un césped, una cancha con sus delineaciones, privilegios que solo pocos tenían.
Ahora nuestro presente pone bajos los pies de muchos jóvenes esa alegría a su alcance: canchas de césped natural o artificial; sin embargo, existe un "pero", ¿pero qué es? ¿Es una lástima?, así es, porque no hay una responsabilidad de un ente que ayude a mostrar el verdadero camino del éxito en los jóvenes y a los padres se nos hace cada día más difícil enfrentar la realidad por la que pasan nuestros hijos en las escuelas, con sus amistades, con su entorno, ya que nuestra realidad fue otra; la política pudre muchos sueños y no ayuda con políticas legítimas de un país que pierde su origen.
Mientras el fútbol te llena de una emoción con un resultado bueno o adverso, celebración o preocupación, todo en conjunto. No obstante, ¿por qué hay amaños? el dinero fácil, el poder adquisitivo fácil, llenar un vacío de necesidad vaga y corriente creada por sociedades inexistentes que dicen ser sin ser.
Mi fútbol, mi país, mi juventud cada cuatro años se reviven las esperanzas, un mundial para el mundo, para la vida, para seguir soñando con pasión.
Este es mi póster y sigo soñando.


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